Entendemos por autómata aquel mecanismo capaz de ejecutar, tantas veces como se lo permita su fuente de alimentación, la secuencia de operaciones para la que fue programado. Un autómata nunca variará su respuesta, aunque su entorno varíe.

Cuando hablamos de robots, hoy en día nos referimos a aquellos ingenios mecánicos accionados y controlados electrónicamente, Un buen ejemplo son los robots industriales.
Si vamos un poco más lejos encontramos los robot autónomos (RA), es decir, sistemas completos que operan eficientemente en entornos complejos, que pueden reconfigurarse dinámicamente y adaptarse a entornos parcialmente predecibles. Por ejemplo los robots sociales o asistenciales.
Desde los primeros robots soñados por el escritor checo Karel Čapek, y posteriormente por el magnífico Isaac Asimov que escribió las tres leyes de la robótica hasta nuestros días ha habido un largo recorrido.
Los robots ya no son cosa del futuro, ya están entre nosotros, extendiéndose a cada vez más ámbitos de nuestra vida y formando parte de nuestras actividades cotidianas: en nuestros hogares, nuestros centros de trabajo, en los servicios asistenciales, en el ocio o la educación.
En esta entrada queremos hacer énfasis en los robots sociales que tienen una interacción directa con las personas, y son capaces de desempeñar múltiples funciones como vigilancia de enfermos, mejora de capacidad atencional, compañía, sistema de comunicación, apoyo en ciertas tareas....En este ámbito es innegable que la robótica ha avanzado mucho (en campos como la percepción, interacción con el entorno, la manipulación de objetos o la interrelación con los seres humano): Sin embargo, cuando estamos hablando de robots que tratan con personas ya sean enfermos, cuidadores, discapacitados, mayores o niños la parte técnica no es quizás la más importante, sino otros aspectos como la autonomía, la facilidad de uso, la adaptación a entornos cambiantes, la vinculación emocional, la relación personal entre humano y robot, la aceptación por los usuarios...
En el caso concreto de la escuela, es importante pensar en el para qué: hay que identificar las necesidades, ver cómo hacerlo y prever los efectos en los diferentes niveles educativos.
Una cosa es introducir la robótica y la programación en el currículo, como forma de ayudar a nuestros niños y niñas a desarrollar el pensamiento computacional, y otra bien diferente es introducir o incluso construir un pequeño robot para la clase. El robot ha de ser un complemento a la tarea educativa, que sirva de elemento motivador y de apoyo al aprendizaje.
Diseñar y desarrollar en equipo un robot en el aula, puede ser una forma de trabajar aspectos muy diversos como la creatividad, las habilidades manuales y artísticas, aplicar conocimientos de diferentes materias (mates, física, mecánica, electricidad y electrónica, programación, narrativa...), trabajo en equipo, la planificación de las etapas de todo el proceso de diseño del robot, etc.
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